EXPORTACIONES DE SÁBALO, ENTRE LO IRRACIONAL Y LO INEXPLICABLE  - 6 junio 2007 

El doctor en ciencias biológicas Claudio Baigún hizo conocer hoy una reflexión con su postura sobre la resolución oficial de levantar la suspensión de exportaciones de pescado de río, en la que plantea que “la justificación” de tal medida “ha quedado atrapada entre la irracionalidad y lo inexplicable”.

A su entender, lo racional hubiera sido que la suspensión continuara, considerando que “el sábalo posee un ciclo de vida largo que requiere de al menos dos años de espera” para lograr una recuperación aceptable de las poblaciones de peces del Paraná, que enfrentan una situación crítica –según expresa el conocido investigador.

Claudio Baigún es Master en Ciencias Pesqueras, Doctor en Ciencias Biológicas y dirige el Laboratorio de Ecología Pesquera del Instituto Tecnológico de Chascomús. Es investigador del CONICET, profesor adjunto en la Universidad Nacional de la Patagonia, en la Universidad de San Martín y catedrático invitado en la Universidad de Iowa (USA).

Luego de conocerse la decisión del levantamiento de la suspensión de las exportaciones de pescado, Baigún dio a conocer un texto en el que recuerda que para tomar esta medida se esgrimieron como argumento los resultados de un Taller de Pesquerías Fluviales llevado a cabo en la Subsecretaría de Pesca de la Nación en noviembre de 2006, donde paradójicamente “abundaron las advertencias de los científicos, principalmente los extranjeros”. Baigún se pregunta si “debería seguir la suspensión” y si “hay margen para continuar la pesca para exportación después de que el veredicto científico de un estudio basado en un año de continuas y serias evaluaciones ha calificado la situación como de riesgo”.

Por este motivo, plantea su tesis central de que “la justificación de la reapertura de la pesquería del sábalo para exportación ha quedado atrapada entre la irracionalidad y lo inexplicable”. Argumenta su juicio señalando que “una veda de tan sólo unos pocos meses ya de por sí carecía de sentido, porque lo que se debía proteger era no sólo los peces que estaban en condición natural de reproducirse en aquel momento, sino también los que lo harían en el próximo ciclo y que son los que permitirían que el recurso eventualmente se recuperara”.

Al mismo tiempo, Baigún indica que “el sábalo, como otros grandes migradores, posee un ciclo de vida largo que requiere de al menos dos años de espera para que las nuevas cohortes se recluten”, por lo que “la suspensión impuesta desde enero pasado debería haber proseguido hasta tanto se verificara que efectivamente existía un adecuado reclutamiento, a sabiendas de que este proceso representa una de las bases de toda pesquería sustentable”. Según su visión, “esto hubiera sido lo racional”, aunque no se efectuó.

Por el contrario, señala que “la suspensión se levantó y ello representa lo inexplicable”, aún cuando se tenía conocimiento de que “el último ciclo hidrológico, cuando el río alcanzó niveles de crecida históricos, permitía esperar que en dos años más se produjera una mejora en el recurso, en tanto el stock desovante no fuera sobrepescado”.

También sostiene que es una medida “inexplicable”. Se fundamentó que “la pérdida de rendimiento se debía a un problema de falta de caudal”, cuando los resultados presentados en aquel Taller “pusieron de relieve los problemas de tener escasez de reproductores por encima de una talla crítica, dado que la así llamada tasa de desovantes potenciales se había reducido hasta valores límites”, debido a la sobrepesca -aseguró.

Y agrega que aquellos resultados indicaron además que “el valor de esta tasa de desovantes potenciales implicaba riesgo para la pesquería, lo cual de reducirse aún más por efecto de la apertura de la pesca industrial, pondría el recurso en una situación aun más comprometida”. Al respecto, detalla que “hoy en el Paraná es difícil encontrar sábalos por encima de la talla legal de 42 centímetros y ello no puede ser sólo adjudicado a la falta de agua”.

El catedrático considera en seguida que “las continuadas bajantes que se venían presentado desde hace varios años, debieron ser consideradas como una señal de alerta para reducir la mortalidad por pesca”. Pero por el contrario, “se dejó continuar pescando de manera descontrolada”, lo que a su entender es igualmente “irracional”.

En este contexto, expone entonces que “la explicación de la crisis pesquera que sufre la cuenca es por lo tanto una suma de factores naturales y antrópicos”. Y aclara que mientras “los efectos naturales no pueden ser controlados en el corto plazo, dado que es necesario replantear con Brasil el manejo y uso del agua en la cuenca de acuerdo a los cambios climáticos que se avecinan”, sí los efectos antrópicos “podrían tener soluciones de corto plazo a partir de limitar las capturas”.

Baigún, por lo demás, destaca en su carta el problema de la sobrepesca, y considera que en las aguas continentales “se debe regular la pesca en función de variables ecológicas y sociales que beneficien a la gran mayoría de la población ribereña, que no tiene más recursos que lo que produce el río”. El especialista recomienda específicamente “no manejar la pesquería con “un criterio economicista sectorial y cortoplacista”.

En suma, advierte que “la problemática del sábalo no es sino la punta de un gigantesco iceberg que ha puesto al descubierto la crisis de manejo que existe desde hace años en las pesquerías de la cuenca y que ha terminado por arrastrar a pescadores comerciales, de subsistencia e incluso deportivos a una situación de emergencia y a poner en riesgo a diversas poblaciones de peces”. Por lo cual entiende que “hará falta un vigoroso golpe de timón para revertir esta crisis y reclutar administradores de recursos con nuevas visiones, que impulsen criterios de manejo modernos y adaptativos, donde se priorice el beneficio social antes que solo el económico sectorial a corto plazo, donde se valore la conservación de la biodiversidad de los grandes ríos y los beneficios que brindan estos ecosistemas cuando se mantiene un buen estado de conservación”.

El Dr. Baigún brega por que las provincias generen mecanismos para garantizar la continuidad de los estudios como los del sábalo, “porque en la información continua (y rutinaria) está la clave y esencia de cómo manejar los recursos”. Por último, sostiene que “la crisis brinda la inmejorable oportunidad de comenzar a discutir entre todos los interesados qué hacer con los recursos del Paraná y cómo repartir los beneficios que ellos deparan entre los diversos sectores de la sociedad”.

Fuente: Fundación PROTEGER - www.proteger.org.ar